Todo lo que siempre has querido saber sobre el pecho

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Muchas de las consultas que recibimos son recurrentes, y a menudo guardan relación directa con la anatomía y la fisiología del pecho durante la lactancia. Aquí damos respuesta a esas dudas. Esperamos que os sea útil.

Mis pechos son pequeños, ¿tendré suficiente leche?

Cuando un niño nace tiene el pecho exactamente igual que una niña. Las estructuras son las mismas, y no es hasta la pubertad, gracias a los cambios hormonales, que el pecho de las chicas crece y se desarrolla. El pecho adquiere forma gracias a los depósitos adiposos que modelan su tamaño y volumen exterior. Por dentro, el tejido glandular, que es el que se encargará de producir leche, también crece y se desarrolla al margen del tejido graso externo. Por tanto, el tamaño y la forma exterior del pecho no importan, ni permiten predecir si una madre tendrá más o menos leche. Todos los pechos, sean grandes o pequeños, sirven a la hora de alimentar a un bebé.

Tengo el pezón muy pequeño, ¿podré dar el pecho?

¡Por supuesto! Todos los pezones sirven, al margen de su tamaño. De hecho, los bebés no necesitan el pezón para mamar, es tan sólo una referencia visual y táctil para que sepan adónde deben dirigir la boca. Es cierto que hay pezones, como los umbilicados (tipo de pezón que cuando es estimulado se retrae), que pueden complicar un poco el agarre inicial del bebé. Si tienes dudas respecto a tu pezón, lo mejor que puedes hacer es acudir a un grupo de apoyo antes de tener a tu bebé, para que lo puedan valorar y enseñarte todo lo necesario para iniciar la lactancia con buen pie.

Si tienes los pezones planos o poco prominentes tampoco es necesario que hagas nada durante el embarazo. Busca un grupo de apoyo para consultar tus dudas. Tampoco hace falta preparar el pezón y la areola con masajes o ungüentos. Los corpúsculos de Montgomery, que son las protuberancias que encontrarás alrededor de la areola, se encargan de limpiar, desinfectar y lubricar el pecho.

Estoy embarazada y siento el pecho muy lleno y tenso, ¿es normal?

Durante el embarazo, el pecho aumenta de peso, entre 400 y 600 g, y una vez iniciada la lactancia puede llegar a pesar 800 g gramos más que antes del embarazo. Durante las 6-7 primeras semanas de embarazo crecen los alveolos, lo que produce una sensación de plenitud, así como la cantidad de tejido adiposo y la irrigación de la mama. Los pechos se ven llenos de venas que a veces llegan hasta el cuello. Todo esto es normal.

¿Por qué durante el embarazo no hay leche?

Durante el embarazo, el tejido glandular de los pechos produce calostro en pequeñas cantidades. A veces no se aprecian más que unas costras blancas en el pezón, que son las gotitas de calostro que se han secado.

Las hormonas predominantes durante el embarazo, la progesterona y los estrógenos, se encargan de impedir que la prolactina alcance grandes concentraciones, por lo que no es posible fabricar grandes cantidades de leche. Esto cambia a medida que disminuyen los niveles hormonales de progesterona y estrógenos, en el posparto inmediato, cuando se produce un pico de prolactina.

¿Cómo se produce la leche?

La succión del niño estimula los receptores de oxitocina y prolactina, situados principalmente en la areola y el pezón, y desencadena un impulso nervioso que viaja hasta el cerebro, donde el hipotálamo induce la producción de dos hormonas: la prolactina, que se encarga de la producción de la leche, y la oxitocina, que provoca la contracción de los alveolos y desencadena la eyección o salida de la leche.

La forma más fácil de visualizar el funcionamiento de la glándula mamaria es pensar en una vid. Cada grano de un racimo de uvas es un alveolo mamario. En su interior se fabrica la leche, los elementos que hacen falta para constituirla se fabrican directamente dentro del alveolo o provienen del plasma materno. Cada alveolo o grano de uva está envuelto en una fina capa muscular que se contrae en respuesta a la oxitocina, provocando la eyección de la leche. Todos los alveolos van a dar a los conductos, las ramitas de la vid, que se encargan de transportarla hasta el pezón, donde el bebé la extrae del pecho mediante la succión.

¿Todas las madres fabrican leche de calidad?

Sí. Se ha comprobado que incluso las madres desnutridas y que viven en situaciones de pobreza y precariedad extremas producen leche materna de calidad. Existen pequeñas variaciones individuales derivadas de la dieta, pero el cuerpo de las mujeres usa el mismo patrón para fabricar la leche, y ésta siempre es de calidad.

Los elementos que pueden variar de una madre a otra son el yodo y los ácidos grasos esenciales, por lo que las mujeres occidentales que dan el pecho deben tomar un suplemento de 200 microgramos diarios de yodo y aumentar el consumo de alimentos ricos en ácidos grasos esenciales: pescado azul, frutos secos, aceite de semillas, etcétera.

Aunque comas mal y tu dieta no sea del todo equilibrada puedes estar tranquila, ya que las células que se encargan de fabricar la leche se las arreglan para extraer de las reservas maternas todo lo necesario para que no le falte de nada al bebé.

Me han hecho una cesárea, ¿me va a tardar más a subir la leche?

No, las cesáreas no retrasan la subida de la leche. La subida de la leche se inicia en el moomento en que la placenta se separa del útero, y esto ocurre tanto en un parto vaginal como en una cesárea.

Las rutinas hospitalarias que suelen ir unidas a la cesárea pueden retrasar el primer contacto entre la madre y el bebé, por lo que son las verdaderas causantes de la demora de la subida de la leche, además de la incomodidad que puede sentir la madre para colocar al bebé al pecho a causa de los puntos de sutura, lo que puede interferir en algunas tomas o reducir su número.

Sí es cierto que las madres insulinodependientes o con obesidad (con un índice de masa corporal igual o superior a 30) pueden sufrir un retraso en el inicio de la producción de leche, que puede demorarse más de 72 h, pero acaba normalizándose en ambos casos.

Acabo de dar a luz y tengo un bulto hinchado en la axila, ¿qué es?

Seguramente se trata de tejido mamario ectópico o fuera de lugar. Estos bultos no constituyen motivo de alarma y pueden presentarse en cualquier punto de la denominada “línea de la leche”, que recorre el cuerpo desde la axila hasta la ingle. El 1% de las mujeres tiene este tipo de “glándulas mamarias accesorias”, que pasan desapercibidas hasta que la madre se queda embarazada y pare, pues entonces crecen y pueden incluso llegar a secretar leche.

También hay mujeres que poseen pezones supranumerarios. Si hay una inflamación de este tejido es mejor no manipularlo, aplicar frío y presión y esperar a que desaparezca.

¿Qué son las subidas de la leche?

Cuando el bebé mama, estimula los nervios del pezón. Este impulso nervioso llega al cerebro, donde se producen la prolactina y la oxitocina, las hormonas encargadas de la producción y la eyección de la leche.

Entre las 42 y las 72 horas posparto se produce la primera subida de leche, y muchas mujeres notan que los pechos se les ponen tensos y a veces inflamados.

Posteriormente van notando las subidas de leche (en algunos países hispanohablantes se llaman “bajadas”) cuando el bebé mama o cuando piensan en él o lo oyen llorar. Este fenómeno se debe a la acción de la oxitocina y suele ir acompañado de una sensación de hormigueo en el pecho, que durante las primeras semanas puede incluso resultar doloroso, y que indica que la leche empieza a fluir hacia el pezón. Hay un 75% de mujeres que perciben más de una subida de la leche en una misma toma, mientras que un 30% no nota jamás la subida de leche. Ambas situaciones son perfectamente normales y no revisten mayor importancia, puesto que no afectan en absoluto el transcurso de la lactancia.

¿Cuáles son las hormonas encargadas de producir la leche?

Durante el embarazo y las primeras semanas posparto, la producción de leche depende por completo de dos hormonas, la prolactina y la oxitocina, que ven su acción complementada por una proteína conocida como FIL (Factor Inhibidor de la Lactancia).

La oxitocina provoca la subida de la leche. Hay fibras musculares que rodean los alveolos y que, al contraerse, “exprimen” la leche. La oxitocina no sólo responde a los estímulos táctiles, sino que a veces basta con oír llorar al bebé, pensar en él u oler su ropita para desencadenar un flujo de oxitocina en sangre. Cuando esto ocurre, la madre siente que el pecho se llena de leche y gotea.

Factores como el miedo, la falta de confianza en el propio cuerpo o el alcohol pueden bloquear momentáneamente este flujo de oxitocina y dificultar un poco la toma, por lo que es de vital importancia que la madre esté tranquila y confiada para que todo fluya, literalmente.

La prolactina hace que la glándula mamaria fabrique leche. Cada vez que el niño mama, un torrente de prolactina es liberado en la sangre materna. Esta hormona es la que se encarga de dar la orden de fabricar leche a las células de los alveolos. Si el niño tiene poco apetito, si se le hace esperar o no se le da de comer siempre que lo pide, mama poco y se produce menos leche. Cuando hay partos múltiples, se produce una estimulación doble o triple, la necesaria para atender a la demanda de producción de dos o más bebés.

Hacia los 6 meses posparto, los niveles basales de prolactina disminuyen, puesto que para entonces la glándula mamaria ya funciona por sí sola, es una unidad independiente de fabricación. Esta glándula autocrina funciona de otra manera: si el bebé saca mucha leche, la madre fabrica mucha leche; si por el contrario mama poco, el FIL o Factor Inhibidor de la Lactancia mantiene a raya la producción de leche.

El FIL (Factor Inhibidor de la Lactancia) es una proteína que está presente en la leche.

Cuando el niño mama mucho, al sacar la leche saca también el inhibidor, y en las próximas horas la leche se fabricará a toda velocidad. Si el niño mama poco, el inhibidor se queda dentro, y el pecho fabrica poca leche. A los 6 meses posparto, los niveles basales de prolactina vuelven a alcanzar los valores anteriores al embarazo, y tiene más importancia el FIL que dicha hormona para el mantenimiento de la producción láctea.

Desde hace algún tiempo me noto los pechos blandos, ¿me estoy quedando sin leche?

Como hemos dicho ya, la glándula mamaria es un mecanismo que se autorregula. Durante las primeras semanas de vida de tu hijo, el pecho está en prácticas, por así decirlo. Para que no falte leche al bebé, fabrica mucho más de lo necesario. De este modo se asegura de que el bebé no pasará hambre. Cuando la glándula empieza a adaptarse a la demanda del bebé, ajusta la oferta y, por pura logística, fabrica la leche sólo cuando el bebé la pide. Desde que un bebé se pone al pecho hasta que se produce el reflejo de eyección pasan 2,2 minutos de media. A partir de los 3 meses, las madres sienten los pechos blandos y pueden creer que no tienen leche. Si a esto se le une la crisis de los tres meses, la madre puede interpretarla como una sensación de rechazo por parte del niño a causa de la falta de leche. Nada más lejos de la realidad. Lo único que ocurre es que la glándula mamaria se ha regulado perfectamente.

¿Por qué hay mujeres que no tienen leche?

Todas las mujeres pueden fabricar leche. La hipogalactia (escasa producción de leche) verdadera se da en ocasiones muy contadas, y puede tener su origen en las siguientes afecciones:

  • Hipotiroidismo no controlado
  • SOP (Síndrome de Ovarios Poliquísticos)
  • Síndrome de Sheehan
  • Reducción mamaria reciente

Tanto las mujeres con hipotiroidismo como las que sufren de SOP pueden tomar medicación especifica para su enfermedad sin riesgo alguno para el bebé. Al normalizar los niveles hormonales, la medicación regula la producción de leche.

Si la madre ha sufrido una hemorragia masiva y severa en el posparto inmediato, puede desarrollar un Síndrome de Sheehan, que se define como la necrosis de la hipófisis por falta de riego sanguíneo durante el parto. Esto puede imposibilitar la lactancia. La madre deberá someterse a un examen endocrinológico exhaustivo para valorar la gravedad del caso y decidir qué hacer en función del resultado.

En el caso de las mujeres que se han sometido a operaciones de reducción mamaria, hay que valorar cada caso de manera individual. Todo va a depender del tipo de incisión realizada para hacer la reducción y del tiempo transcurrido desde que se realizó la misma, pues los conductos seccionados durante la operación pueden haberse recanalizado de forma espontánea. Las mujeres que se hallan en esta situación y desean dar el pecho a sus bebés deben acudir a un grupo de apoyo a la lactancia ya durante el embarazo.

Entonces, si la leche materna siempre es buena y casi todas las madres producen leche suficiente, ¿por qué hay tantas mujeres que aseguran que no pudieron amamantar porque sus hijos pasaban hambre?

Es complicado encontrar una sola razón, pues pueden haber pasado muchas cosas.

Como se ha dicho ya, la hipogalactia verdadera es una condición muy rara. En la mayoría de los casos, lo que la madre percibe como una producción insuficiente es en realidad una cascada de problemas que tuvo su origen en una mala técnica, un frenillo lingual corto, la imposición de horarios para dar el pecho o las recomendaciones contradictoras o erróneas.

A menudo, detrás de estas vivencias negativas de la lactancia existen también unas expectativas que no hallan correspondencia en la realidad. La inmensa mayoría de las madres primerizas no ha visto amamantar jamás, por lo que ignora cómo funciona la lactancia. A menudo, esperan bebés que coman puntualmente cada tres horas y duerman entre toma y toma, algo que pocas veces se da en la vida real. Y, de nuevo por desconocimiento, estas madres acaban pensando que el niño llora porque pasa hambre, es decir, porque no tienen suficiente leche.

Hay toda una generación de mujeres, hoy abuelas, que no dieron el pecho a sus hijos, lo que significa que se rompió la cadena de transmisión familiar de la cultura de la lactancia.

Los grupos de apoyo intentamos suplir, en la medida de lo posible, esa labor ancestral que realizaban las mujeres mayores de la familia, arropando con su sabiduría y experiencia a las que se convertían en madres por primera vez. Para ello, ofrecemos información veraz y actualizada, así como un espacio en el que compartir nuestras vivencias con otras madres que dan el pecho.

Me han dicho que si dejo mamar al bebé todo el tiempo que quiera, al final sólo va a tragar aire, ¿es verdad? ¿No es mejor dar el pecho con horarios?

Los bebé utilizan dos tipos de succión: succión nutritiva y succión no nutritiva. Las dos son necesarias, y mientras realizan la succión no nutritiva los niños se alimentan y se relajan. Si están bien colocados, con la succión no nutritiva no van a tragar aire, sólo leche.

El pecho no se puede dar con horarios, pues eso impide que los bebés regulen la cantidad de leche que toman y la composición de la misma. En condiciones normales, lo consiguen haciendo tomas más cortas o más largas y espaciándolas más o menos. Así, habrá momentos en los que sólo necesiten un poco de leche para calmar la sed (o el miedo, o conciliar el sueño) y otros en los que hagan una toma larga y completa. Hay que confiar en la capacidad del niño para regular la cantidad de leche y el tiempo que necesita para comer.

La lactancia siempre debe respetar la demanda del bebé, pero hay momentos en los que la demanda de la madre también cuenta. Si ésta necesita dar el pecho (por tener una ingurgitación u obstrucción, para poder salir a trabajar, etcétera), puede ofrecer el pecho al bebé en cualquier momento.

Sólo se recomienda que los padres marquen la demanda del niño en casos excepcionales: bebés enfermos, prematuros, niños que no aumentan de peso, recién nacidos extremadamente soñolientos, etcétera.

¿Qué puedo comer o tomar para tener más leche?

En todas las culturas del mundo existen alimentos considerados galactogogos (es decir, que aumentan la producción de leche). La variedad es infinita. En España es habitual recomendar a las madres que tomen horchata y leche de almendras. En la cultura china se da a las madres una sopa caliente de jengibre y pollo. En Sudamérica se les prepara un caldo a base de pollo y verduras. En otras latitudes se recomiendan: las sardinas, el bacalao, los guisantes, la alfalfa, el cardo santo o el cardo mariano, la levadura de cerveza, la leche de vaca, las larvas de mosca azul….

Lo cierto es apenas existen estudios al respecto y no es posible afirmar que la ingesta de determinados alimentos aumente la cantidad de leche producida. En cambio, se ha demostrado que numerosas plantas consideradas galactogogos tienen precisamente el efecto contrario, es decir, disminuyen la producción de leche.

Lo único que aumenta la producción de leche de una mujer es la succión eficaz y el vaciado de la glándula mamaria, algo que el bebé consigue si mama a demanda y de manera correcta (o, en su defecto, si la madre utiliza un sacaleches).

La succión y el vaciado inducen al cuerpo a producir más leche, ya que aumentan los niveles de prolactina en sangre y eliminan del interior de la glándula el factor inhibidor de la lactancia (FIL).